Hazte amiga de tu miedo

He escrito este título para autoconvencerme, pero es la idea que me está recorriendo la mente estos días. Porque llevo una vida entera rechazando lo miedosa que soy y algo me está empezando a decir que ese no es un buen camino.

Además, después de tantos días de confinamiento, de ansiedad leve, fuerte y moderada… me estoy empezando a cansar. Y a la vez sé que el miedo no se va a ir. Y además luego surgirán otros retos diferentes, en las decisiones vitales y a la vuelta de cualquier esquina. Así que igual podría ser este un buen momento para hacerme amiga de mi miedo. Sí, amiga de mi temor.

Cuando tengo miedo mi primera reacción natural (y humana, creo) es no querer tener miedo. Yo quiero fluir libre como una perdiz. Quiero estar cómoda y avanzar firmemente por la vida, decidida, disfrutando del camino, correteando entre la hierba. Quiero ser súperwoman. Pero el miedo es pringoso, me molesta y no me deja estar en paz. Es un estorbo constante. La punzada en el pecho es un fastidio y no se va. En definitiva, la vida es peor. Absolutamente peor. Y yo quiero que la vida sea mejor.

Algo que he aprendido hasta ahora es que, sea que quieras emprender alguna aventura o como en este caso, que tengas que convivir con el Coronavirus, el miedo significa una oportunidad para crecer. De verdad, aunque suene a frase hecha. Cuando hay miedo hay una oportunidad para crecer. Siempre, siempre, siempre. Puedes aprovecharla o dejarla pasar. Siéntete, quizás este no es tu momento y lo único que puedes hacer es sobrevivir (al Covid-19), o no emprender esa aventura de momento.

Y es que creo que para poder crecer hay que tomar la decisión de ser muy valiente, para mirarle al miedo a los ojos y decirle: “Sé que estás ahí. Te veo todo el rato y voy a seguir adelante”. Y esto que acabo de escribir parece que se dice en un minuto y que la clave está en tomar la decisión con firmeza y luego empezar. Pero en mi experiencia resulta que no, que esa decisión voy a tener que tomarla cien millones de veces, a cada minuto, en mi cabeza. Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. En los buenos días y sobre todo en los malos.

Creo que lo primero de todo es disolver la idea de que eso que quiero hacer debería ser fácil. Que lo difícil es tomar la decisión una vez y ya. Porque ahí es donde se empieza perdiendo. No. Eso que quiero hacer es difícil de narices. Cuanto antes me mentalice mejor. Muy difícil. De las cosas más difíciles que haré en mi vida. A nivel emocional y de todo. Una vez me he preparado para cruzar la tormenta y llegar hasta el otro lado, encajando todas las embestidas del viento y la lluvia, entonces, y solo entonces, puedo empezar a enfrentar al miedo. Cuando estoy dispuesta a cruzar el fango, ensuciándome, con lo difícil que es caminar cuando los pies están hundidos en el barro.

No sé si lo he dicho lo suficientemente claro. Difícil de narices. Porque voy a tener que sacar fuerzas y recursos que ahora mismo ni siquiera sé que tengo. Pero sé que si me empeño, y me empeño y me empeño y me empeño… irán surgiendo. Después de mucho tambaleo porque el viento y la lluvia de la tormenta me zarandean de un lado a otro, encontraré la postura adecuada para seguir adelante. Querré desistir. Una y mil veces. Porque mi ideal de superar el miedo es que no me cueste. Si no me cuesta entonces es que lo habré superado. Pero para llegar al que no me cueste primero me tiene que costar mucho, y mucho y mucho más. Habrá momentos en los que realmente crea estar paralizada. En esos casos, hace algún tiempo aprendí que las emociones vienen y van, como olas. Si viene una ola fuerte, a veces lo mejor es esperar un rato a que se vaya y luego continuar con la marcha. No se trata de luchar, se trata de seguir avanzando en ese terreno pantanoso, manchada hasta arriba de barro y sin ver el final.

A poder ser, de vez en cuando, tomar aire. Respirar y quitarle un poco de presión a la cosa. Acordarte de por qué quieres superar eso y sonreír. Creo que es importante pararse a reír. Ayuda a regular el esfuerzo. Y a liberar tensión.

Vive junto a tu miedo, leo por ahí. Ponle luz.

Estoy intentando observar mi miedo. Cómo es en el cuerpo, acostumbrarme a él. Y convertirlo en mi mejor amigo. Sí, estoy intentando tomarle cariño. Es el que me avisa de cuál es el camino de las cosas que merecen la pena. De verdad que estoy segura de que es así. Para que saque lo mejor de mí y para que me supere como persona. Cuanto más lo rechace más grande y más fuerte se va a hacer y más dominada estaré por él. Y lo último que quiero es estar dominada por nadie.

Sobre todo, en mi experiencia lo mejor es ir muy muy despacio. Porque cada paso sé que me va a costar un mundo entero, así que un esfuerzo gigante cada vez, para dar pasitos pequeños. Concentrarme solo en ese paso que viene ahora, no en llegar hasta el otro lado de la tormenta, necesito toda mi concentración para ese minúsculo y a la vez gigantesco paso…

¿Y cómo son esos recursos internos? Pues ahí está la clave. Habré de buscar hasta debajo de las piedras hasta dar con algo que me sirva, a mí. En mi experiencia los recursos no aparecen a la primera. O a veces sí. Pero muchas veces aparecen cuando estoy ya exhausta. Y es que hay que seguir buscando y buscando, y tener la fuerte determinación de que encontraré alguna manera… y es entonces, con esa determinación y solo entonces, cuando he solido sacar recursos de la nada. Porfiando.

Y después… tras muchos días puede que llegue uno en el que la tormenta se convierta en lluvia, y el viento dé paso a una simple brisa. Y así, poco a poco, día tras día, me daré cuenta de que me siento avanzando por la ladera de una montaña soleada, ¡y puede que sí! Alegremente. El barro se habrá secado y yo me sentiré un poco más grande. Cuando consiga llegar al otro lado de la tormenta… entonces llegará la calma y todo habrá cobrado sentido. Y entonces sabré que he conseguido superar ese miedo. Pero no se puede llegar hasta ahí sin atravesar el lodo, y el vendaval, y el desaliento.

Además, después de eso, tarde o temprano, aparecerá otro algo que enfrentar. Y tendré que ponerme de nuevo mis botas. Para poder seguir avanzando. Para seguir creciendo.

¿Emocionante, verdad?

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2 comentarios en «Hazte amiga de tu miedo»

  1. Si! Emocionante! Que el miedo no nos paralice. No esperemos a deshacernos de el para avanzar. Quizá no sea tan fuerte como parece.

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    • ¡¡¡¡Eso es Mabel!!!!! Y sí, una vez que echas a andar y has dado algún paso en algún momento pierde intensidad, creo que llegar a ese momento es lo difícil, y ahí está la gracia también ;-P
      ¡Gracias por tu comentario!

      ¡Vamosssssss!

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